TANGARARÁ: UNA MARAVILLA HISTÓRICA HACE MÁS DE 400 AÑOS.
Con la ilusión a cuestas buscamos por diversos medios promocionar y dar a conocer las maravillas que tiene nuestra tierra. Aprovechamos la convocatoria del concurso que promueve el Gobierno Regional y volvemos nuestra mirada a la historia y encontramos a San Miguel de Tangarará. Observamos orgullosos el obelisco que marca un hito en proceso de transculturización cuando en 1532 llegaron los españoles al mando de Francisco Pizarro, pero también vemos que tras 484 años desde aquel momento, poco o casi nada hemos hecho por este pueblo agrícola y trabajador que sigue soñando con que se hagan realidad las promesas de cuánto político pasó por sus tierras en pos de una cosecha de votos.
La patria del Cacique Tangar Arac sigue allí, reverdeciendo sus campos de arroz y banano; campos en los que sus hombres se levantan con sol y se van con él al caer la tarde para luego a la sombra de un algarrobo o en el poyo de su casa, animar una conversa a punta de chicha y echar a volar sus sueños. ¡Cuánta riqueza histórica! y sin embargo, Tangarará, el lugar donde los españoles fundaron la primera ciudad en América, sigue postergada esperando se haga justicia y que alguien la mire con otros ojos, quizá con ojos de esperanza y no de olvido. Como diría en gran César Vallejo en sus Poemas Humanos:
"Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso,
en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!...
!Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer..."
Y es dolorosamente cierto, frente a la inacción y la desidia, ¡Hay hermanos mucho por hacer!. Necesitamos alimentarnos de una cultura de servicio nada más por servir sin esperar el agradecimiento vanidoso o la adulación inoportuna que sólo alimenta un insano orgullo, cuando la verdad, apenas hemos hecho nada. Necesitamos entender entonces que hay que trabajar lejos del cálculo político, sino más bien cerca del quehacer humano, sencillo y cargado de emoción. Y Tangarará nos necesita humanos, que hagamos nuestros sus sueños, aquellos que tan justicieramente apuestan por tener agua potable para sus familias, que sus calles y sus casas puedan estar cerca de la modernidad sin perder su esencia de pueblo amigo lleno del calor rural. Sueños con colegios para educar a sus hijos en buenas condiciones, de disponer elementalmente de un sistema de alcantarillado y de las pistas y calles con asfalto que sirvan para integrarnos más. Nada tan complejo, ni difícil de hacer. ¡Pero hay que hacerlo!
Es cierto hermanos, hay mucho por hacer, pues Tangarará nos necesita humanos.
¿Que curioso no? Tangarará ganó hace más de cuatrocientos años el derecho a ser una maravilla de nuestra tierra. Lo maravilloso sigue siendo que, tras tanto tiempo transcurrido y tras haberlo convertido en pueblo olvidado, su gente no desmaye y siga creyendo con fe que algún día sus oraciones serán escuchadas. Que estas palabras sean un homenaje perpetuo para una tierra en la que comenzó una nueva historia para nuestra nación. ¿Mejor o peor? El tiempo y la historia nos darán la respuesta. Por ahora creo que seguimos en deuda. Que Tangarará viva siempre en la memoria colectiva y que este concurso sirva para reivindicar lo maravilloso de su esencia.
