Minutos de angustia y el partido no acaba. Tiro de esquina para San Lorenzo. Los santos van con todo. Se arremolinan en el área, hay jalones y tomadas de mano...pasa de todo. La pelota por los aires y rechazo de la defensa con dientes apretados, tan sólo segundos los separan para jugar la final soñada. Todos se confunden y San Lorenzo a tiro de gol, remata Angeleri a centímetros del arco, lo hinchas se toman de los pelos, pero ahí está la pierna salvadora de Danilo para seguir alimentando el sueño y clasificar a los humildes guerreros de Chapeco a su primera final continental. Danilo cambió la historia en un segundo mágico, un segundo que los llevaría a la eternidad.
Todo es alegría, abrazos y manos levantadas al cielo en señal de agradecimiento o quién sabe, una señal de..."para allá vamos". Sí, la fuerza de Danilo y su ilusión por alcanzar un gran sueño, aunque parezca irónico, escribieron con su pierna una nueva historia, dibujaron una nueva ruta, marcaron el caminó desde Chapeco a la eternidad.
Todos esperaban la gran final. Colombia se preparaba para la gran fiesta sudamericana, pero esa madrugada, oscura, fatídica y nostálgica pondrían un crespón negro en cada uno de los corazones de quienes amamos el fútbol. La noticia era para no creer, pues hacía unos días Chapeco en Brasil lloraba de alegría luego que sus guerreros ganaran su pase a una final dejando atrás al poderoso San Lorenzo de Argentina.
¡Angustia y dolor!!, los medios informaban que el avión que transportaba al Chapecoense se accidentó en La Ceja y La Unión en el departamento de Antioquia en tierras cafeteras. La nave procedente de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), donde realizó una escala técnica, cayó a tierra partiéndose en tres.Transportaba a 72 pasajeros y nueve tripulantes, entre ellos casi la totalidad del equipo de fútbol Chapecoense. Murieron 71 personas y sólo seis sobrevieron.
La alegría se convirtió en tristeza, la desesperanza nos embargó a todos. Nos acordamos de los "potrillos" de ese gran Alianza Lima de Marcos Calderón y "Caico" Gonzales Ganoza. Y así como escribiera el gran Polo Campos "los morenos de la Victoria partieron a la gloria"; los guerreros de Chapecoense partieron a la eternidad.
Nos quedamos con su sonrisa y sus lágrimas de felicidad. Con su gran lucha por surgir. De haber jugado en la cuarta división del fútbol carioca y apenas hace siete en la primera, ya estaban a las puertas de jugar una final continental. No hay razones, no sabemos explicar, no podemos encontrar la forma de decirle a aquellas familias que sus hijos tomaron un vuelo a la eternidad sin ellos saberlo.
Diez minutos separaban la nave de la pista de aterrizaje, pero estaba escrito que eso no sucedería. El tiempo jugo nuevamente una pasada. Pero esta vez no fueron las manos ni las piernas de Danilo. Fueron los brazos abiertos de Dios que no pudo esperar más para tener junto a él estos grandes guerreros del chapecoense. Que él los tenga en su gloria y dé consuelo a sus familias y amigos del fútbol aquí en la tierra. Fuerzo Chapeco.

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